¿Sabes cuando todo va bien pero sientes que nada va bien? Sí, cuando todo está patas arriba y ves la vida de color gris, cuando sientes que falla algo...Pero ¿qué es ese algo? No lo sé, y creo que no lo sabré nunca, pero es por ello que hoy estoy aquí, porque me niego a que ese algo me arrastre hasta el fondo del pozo.
Es curioso, pues hace unos meses ni me planteaba salir de dicho pozo. He pasado días enteros en la cama, mirando la tele sin verla realmente, más bien veía el tiempo pasar. Tiempo, ese que a veces va tan rápido y otras tan increíblemente lento. Esto es lo que yo defino como inercia, cuando tu vida consiste en dejar que pasen las horas, días, semanas... Sin nada que te emocione o ilusione.
"No puedes seguir así ", " Necesitas un cambio de aires ", " Quizás alejarte de aquí y despejarte te siente bien ". Decidí hacer caso a esos consejos y elegí Londres. ¿Por qué Londres? ¿Y por qué no? Realmente cualquier destino me valía. Una vez decidido, encendí el ordenador y empecé a investigar, si no lo encuentras en Internet, es que no existe, o eso dicen. También recurrí a algunas amistades para solventar las dudas que se me planteaban. Y finalmente compré el vuelo.
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La última semana me dediqué a despedirme de mi familia y amigos. La idea de no tener a mis amigos cerca me provocaba cierta ansiedad, pues siempre me he apoyado en ellos. Eso sí, me propuse no llorar, y lo conseguí... Hasta el último día, cuando algunas de mis amigas se encargaron de sabotear mi plan. Vamos, que lloré, y un montón. ¿Cómo no hacerlo si te escriben cartas y notas, de esas empalagosas que dices "no van conmigo", pero que cuando las lees te llegan? Y encima, acompañadas de fotos. Y regalos. En resumen, que querían hacerme llorar.
En cuanto a mi familia, bueno, desde que era adolescente (Hoy en día sigo sin considerarme a mí misma una adulta, pero eso es otro tema.) he querido irme de casa, independizarme, tener mi espacio, vivir sola, se me ha entendido ¿no? Y sin embargo, a medida que se acercaba la fecha, aumentaba mi rechazo a alejarme de ellos, sí, sí, los mismos con los que siempre me he llevado... Dejémoslo en que siempre me ha costado llevarme. Qué complicadas somos las personas... Mi hermano me abrazó, fue raro, y aprovechó para darme unas "suaves palmaditas" en la espalda, eso ya no fue tan raro. Mi cuñada se despidió amenazando con mandarme a mi sobrina en verano y mis sobrinos se despidieron con besos, vale, a mi sobrino casi le tuve que obligar a que me los diera.
Alejarme de mi familia y mis amigos iba a ser más duro de lo que había imaginado...
Cuatro de la madrugada ¿Qué horas son estas de levantarse? Supongo que es lo que tiene comprar vuelos baratos. Miré esas cuatro paredes que formaban mi habitación. ¿Cuándo volvería a verlas? Y llegaron más lágrimas. Debo admitir que me sorprendió ver a mi madre y mi hermana llorar por mi marcha (Mi padre es más duro, como el acero), les abracé, algo poco frecuente, pero es que a pesar de todo, con nuestros defectos, somos una familia y, a nuestra manera, nos queremos.
Efectivamente, estaba resultando más duro de lo que había pensado. Fue en ese momento cuando pensé "No quiero irme".
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Baker Street, esa calle conocida por las novelas de Arthur Conan Doyle y donde paraba mi autobús. Al bajar, me subí la cremallera hasta arriba del todo mientras pensaba "Pues aquí estoy...¿Me adaptaré?" Y es que no se me ocurrió mejor idea que irme a Londres, una gran idea para alguien que se deprime con la lluvia y el cielo gris.
Y así llegué a Londres.
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