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- Necesito que el Martes te pases por la universidad, aunque sean sólo dos minutos.
- ¿Para qué?
- Ya lo sabrás.
-¿Pretendes mantenerme con la intriga cinco días?- Y la única respuesta que obtuve fue una sonrisa.
···
- Recuerda que mañana tienes que pasarte por la universidad.
- He quedado para almorzar con mi familia para despedirme, en cuanto termine voy.
- Con que vengas antes de las seis y media me vale.
- Vale.
···
Martes. Seis de la tarde. Aparqué y nada más bajar del coche vi a Carla y a Pilar.
- ¿Y Adriana? - Pregunté.
- Ha tenido que irse antes. Toma, esto es de parte de las tres. - Respondió Carla y me dio una caja sobre la que habían escrito << Te queremos. Adriana, Carla y Pilar >>. La abrí y en su interior encontré dos cartas, una de Carla y otra de Adriana; unas notas escritas por Pilar, fotos y unos collares hechos a mano por Adri. Incluso habían añadido la masilla para fijar las fotos en la pared.
- Gracias. - Murmuré.
- Pero las cartas y las notas léelas cuando estés en tu casa.
Estuvimos sentadas en las escaleras, charlando, como llevábamos haciendo años. Pilar contó las novedades de su vida amorosa mientras Carla y yo escuchamos. Cuando dieron las seis y media las acompañé hasta el aula donde tenían la siguiente clase y una vez más, les di un fuerte abrazo y me despedí.
Una vez en casa, me senté y saqué la caja de mi mochila, la abrí y busqué las cartas. Empecé con la carta de Adriana y no pude contener las lágrimas. Seguidamente leí las notas que había escrito Pilar y lloré más aún. Por último leí la carta de Carla. Yo, que me había propuesto no llorar, terminé hecha un mar de lágrimas, al menos no me vieron llorar, supongo que por eso querían que las leyera en casa, porque si las leía frente a ellas, lloraríamos todas.
Esos pequeños trozos de papel llenos de sentimiento se vinieron conmigo a Londres, así las llevo conmigo aunque estén a kilómetros de distancia.
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